Creo que después de haber pasado casi toda la noche con las tetas en la cara mientras mi padrastro me tenía doblada como un pretzel y me rellenaba como al pavo de la cena de acción de gracias, ya no se me hace tan humillante haber cambiado accidentalmente
Creo que después de haber pasado casi toda la noche con las tetas en la cara mientras mi padrastro me tenía doblada como un pretzel y me rellenaba como al pavo de la cena de acción de gracias, ya no se me hace tan humillante haber cambiado accidentalmente